Para ti, Jennifer Nalini, que fuiste roca y río a la vez,
que en la tormenta supiste florecer.
Desde muy joven la vida te probó,
con golpes duros te fue moldeando,
pero tú, valentía, nunca se doblegó,
tu armadura de acero lo fue demostrando.
Subiste con fuerza cada escalón,
contra el dolor y la adversidad,
forjaste en tu pecho un corazón
de leona, de brillante honestidad.
De tu vientre surgió una niña genial,
Jennifer Saraí, con tu nombre honrando,
la proyectaste con amor maternal,
su mente brillante ibas formando.
Al tenis la llevaste con alegría,
entre sonrisas y retos la acompañaste,
en cada cancha, en cada día,
como campeona tú la soñaste.
Y cuando vino la hora de luchar,
defendiste tu hogar con rectitud,
como leona herida, sin amilanar,
protegiste a tu cachorra con virtud.
Pero Dios, que mira desde lo alto,
vio en ti la luz de un ángel formado,
y te llamó a su reino, bajo su sagrado manto,
para que desde el cielo la sigas cuidando.
Ahora miras desde el firmamento,
bendiciendo el hogar que creaste,
donde una princesa, con tu sentimiento,
sigue el camino que tú le trazaste.
Tu amor bendecido allí permanece,
en cada raqueta, en cada canción,
Jennifer Nalini, tu luz no desvanece,
vives en el alma de nuestro corazón.
Descansa en paz, ángel de fortaleza,
tu legado de amor no tiene cabida:
una madre guerrera, de pura nobleza,
que desde el cielo ilumina la vida.