A la memoria de Jennifer Nalini
En la colina santa, donde el sol desciende
y baña de oro el mármol del reposo,
tu esencia en tierra firme se extiende,
bajo un manto de luz caudaloso.
Allí, Jennifer, tu nombre es lumbre,
ceniza que el cielo besa con fervor,
y en cada rayo hallas la cumbre
de tu eterno y sereno esplendor.
Mas no toda tu estrella quedó presa
en el sepulcro que el sol acaricia;
una parte de ti, libre y traviesa,
se hizo espuma, se hizo caricia.
Tus cenizas danzaron con el viento,
se fundieron con la sal y el oleaje,
y el mar te abrazó como testamento
de tu alma sin muros ni equipaje.
Eres, así, doble geografía:
tierra que guarda tu huella profunda,
y océano que canta esta tu poesía,
en cada marea que la luna inunda.
Tu alma mira al cielo y al abismo,
y en ambos encuentra tu sonrisa,
pues fuiste libertad y optimismo,
amor eterno que tu memoria eterniza.
Tu hija, en la cancha, siente la brisa
que trae tu aliento desde el horizonte:
en el sol que la alienta y en la risa
de las olas que cantan cual sinsonte,
Madre ejemplar, tu legado navega,
entre el polvo sagrado y la marea,
porque tu amor, que ningún tiempo niega,
en tierra y mar por siempre ondea.
Jennifer Nalini, tu nombre es Tres Altares:
uno de piedra, donde el sol se posa;
otro de agua, donde van los mares
y en el hogar donde tu luz reposa.
Descansa tu alma en la paz de los elementos,
Y en el firmamento junto a Dios bendita sea,
madre, hermana, esposa entre mil aciertos,
de tierra, sal y sol, tu alma ya es etérea.
Gorki Aguirre.