Soy un ciudadano soñador, orgullosamente Lojano, amante de la naturaleza, luchador por el desarrollo sostenible y progreso del Ecuador por antonomasia. Humanista, pragmático, ecologista, animalista, Catedrático e investigador Universitario de Posgrado, Promotor Internacional ODS. Un romántico defensor de las causas más nobles y justas.
Resulta completamente sorprendente el que, la dirigencia del Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik, de línea progresista indigenista de izquierda, hayan pedido un dialogo a Guillermo Lasso, personaje representante de la rancia oligarquía, conservadurismo y derecha oprobiosa de nuestro Ecuador.
La Wiphala es el símbolo representativo de la nación originaria, es decir de los Qhishwa-Aymaras, Guaraníes y de todo el pueblo ancestrales del Abya Ayala, es el símbolo de las clases explotadas, oprimidas, humilladas y marginadas ancestralmente, la Wiphala es la expresión del pensamiento filosófico Andino, en su contenido manifiesta el desarrollo de la ciencia, la tecnología y el arte; es también la expresión dialéctica del Pacha-Kama y Pacha-Mama, es la imagen de organización y armonía de hermandad y reciprocidad en los Andes, representa a una tendencia de resistencia en contra de la explotación histórica, iniciada con la invasión Española, la de la Colonia, la de los obrajes y mitas, la de la vida Republicana, la de esclavitud, diezmos y primicias y violaciones sin par, en contra de quienes han venido representando y aun representan a esa explotación, en contra de quienes han sido los grupos hegemónicos de poder llámeselos Chapetones, Criollos, Huasipungueros, Terratenientes, Patrones, Chulqueros, Oligarquía Criolla, Conservadores, y actualmente Partidos y Movimientos Políticos de Derecha.
Los dirigentes de Pachakutik quienes utilizan la Whipala como símbolo de su integración, han pedido un dialogo a Lasso, quien actualmente realiza una campaña adelantada pretendiendo ser presidente del Ecuador en el 2017, y quien ha venido realizando actividad política desde muchos años atrás, con sus entrañables amigos de línea de derecha como son Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez, en donde el primero lo vincula con el infame Feriado Bancario que mato y dejó en la miseria a miles de ecuatorianos, y el segundo lo vincula a tener una relación amplia con EEUU como informante de la embajada de EEUU en Ecuador, cuando fue Embajador Itinerante, esto según cinco cables de Wikileaks, una de estas filtraciones indica,” Lasso informó a funcionarios estadounidenses que mantuvo reuniones con sectores empresariales y miembros de la oposición -Lucio Gutiérrez, Álvaro Noboa y Jaime Nebot- para difundir un informe realizado por la Fundación Ecuador Libre, que él preside, donde enumeraba los riesgos que la administración de Correa podría suponer y pedía unirse para, en un esfuerzo conjunto, lograr contrarrestar las políticas de Rafael Correa”, Al ser preguntado sobre este asunto Lasso afirmaría que «Yo tengo derecho de hablar con infinidad de personas que acuden a mí para escuchar una opinión sobre lo que sucede en el Ecuador en un momento dado” en otras palabras nunca negó sobre los cables mencionados. http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Wikileaks_de_Guillermo_Lasso .Sus actuaciones resultan ser las de un opositor obstinado en contra del gobierno del presidente Rafael Correa y enfermizamente empecinado en ser presidente del Ecuador, un caso parecido al del ex candidato Álvaro Novoa.
Desde una visión objetiva, se puede visualizar que este pedido, resulta completamente indignante para los pueblos y nacionalidades del Ecuador, resulta un acto denigrante que asemeja, a que el mismo Indígena pida al patrón que siga golpeando a su hermano Indio; tal parece que esta dirigencia se olvidó fácilmente de todos los agravios que sufrió su gente históricamente, y la lucha que los ha llevado a ser parte de una constitución de derechos y libertades, para pasar a una involución categórica; o es que realmente hoy en día estos dirigentes indígenas, están más cercanos a formar parte de los explotadores, que ser defensores de sus raíces, para pasar a convertirse en dirigencia de ponchos dorados.
La ultima marcha realizada el 19M, la dirigencia Indígena asomaron con una pancarta con la imagen de Lasso, que hoy vemos era el anunció del pedido actual de dialogo de los indígenas al representante de la derecha; pero cuando muchos nos dimos cuenta de su intención, sinvergüenzamente dijeron que la pancarta en realidad decía : “FUERA BANQUEROS Y OPORTUNISTAS DE DERECHA”; esta realidad nos parece por demás contradictoria, ya que de ser cierto lo que decían en la pancarta, que explicación lógica podrían dar hoy, cuando pasan a rogar al Patrón Banquero de la Derecha, de manera humilde y con vehemencia, que les de audiencia para dialogar con el inmaculado Lasso.
Este acto ignominioso, resulta ser un suceso que mancha el significado de la Whipala, mancha al rayo solar junto al iris Kutukutu y al iris Kurmi, pues, desde la cosmovisión indígena lo único que demostraría esta acción, sería la del oportunismo de esta dirigencia; quien sabe, que obscuros intereses están por debajo maquinándose, imposible de creer que tan solo sus intereses inocentes, recaen en solicitar un crédito ante el banco de Guayaquil para la próxima marcha del 1 de Mayo.
En Hamburgo, Alemania, eran las diez menos veinte de la mañana del 1 de abril de 1971. Una bella y elegante mujer de profundos ojos color de cielo entra en la oficina del cónsul de Bolivia y, espera pacientemente ser atendida.
Mientras hace antesala, mira indiferente los cuadros que adornan la oficina. Roberto Quintanilla, cónsul boliviano, vestido elegantemente de traje oscuro de lana, aparece en la oficina y saluda impactado por la belleza de esa mujer que dice ser la australiana, y quien días antes le había pedido una entrevista.
Por un instante fugaz, ambos se encuentran frente a frente. La venganza aparece encarnada en un rostro femenino muy atractivo. La mujer, de belleza exuberante lo mira fijamente a los ojos y sin mediar palabras extrae un revolver y dispara tres veces. No hubo resistencia, ni forcejeo, ni lucha. Los impactos dieron en el blanco. En su huida, dejó atrás una peluca, su bolso, su Colt Cobra 38 Special, y un trozo de papel donde se leía Victoria o muerte. ELN.
¿Quién era esta audaz mujer y por qué habría asesinado a “Toto” Quintanilla?
En la milicia guevarista había una mujer que se hacia llamar Imilla cuyo significado en lengua quechua y aimara es Niña o joven indígena (ahora considerado un insulto en Bolivia). Su nombre de pila: Mónica (Monika) Ertl. Alemana de nacimiento que había realizado un viaje de once mil kilómetros desde la perdida Bolivia con el único propósito de ajusticiar a un hombre, el personaje más odiado por la izquierda mundial: Roberto Quintanilla Pereira.
Ella, a partir de ese momento, se convirtió en la mujer más buscada del mundo.Acaparó las portadas de los diarios de toda América. Pero ¿cuáles eran sus razones y cuáles sus orígenes?
Retornemos al 3 de marzo de 1950, fecha en la que Mónica había llegado a Bolivia con Hans Ertl –su padre– a través de lo que sería conocida como la ruta de las ratas, sendero que facilitó la huida de miembros del régimen nazi hacia Sudamérica al finalizar el conflicto armado más grande y sangriento de la historia universal: la II Guerra Mundial.
La historia de Mónica pudo ser narrada con grandes pasajes gracias a la investigación de Jürgen Schreiber. La que yo le presento es apenas un pincelazo de ésta apasionante historia que involucra muchos sentimientos y personajes.
Hans Ertl (Alemania, 1908-Bolivia, 2000) alpinista, innovador de técnicas submarinas, explorador, escritor, inventor y materializador de sueños, agricultor, converso ideológico, cineasta, antropólogo y etnógrafo aficionado. Muy pronto alcanzó notoriedad al retratar a los dirigentes del partido nacionalsocialista cuando filmaba la majestuosidad, la estética corporal y las destrezas atléticas de los participantes en los Juegos Olímpicos de Berlín (1936), bajo la dirección de la cineasta Leni Riefenstahl quien glorificó a los nazis.
Sin embargo, tuvo el infortunio de ser reconocido para la historia (y su posterior desgracia), como el fotógrafo de Adolfo Hitler, aunque el iconógrafo oficial del Führer haya sido Heinrich Hoffman del escuadrón de defensa. Citan algunas fuentes que Hans estaba asignado para documentar las zonas de acción del regimiento del famoso mariscal de campo, apodado el “Zorro del Desierto” Erwin Rommel, en sus travesía por Tobruk, África.
Como dato curioso, Hans no perteneció al partido nazi pero, a pesar de que aborrecía la guerra, exhibía con orgullo la chaqueta diseñada por Hugo Boss para el ejército alemán, como símbolo de sus gestas de otrora, y su garbo ario. Detestaba que lo llamaran “nazi”, no tenia nada contra ellos, pero tampoco contra los judíos. Por irónico que parezca fue otra víctima de la Schutzstaffel.
Al término la Segunda Guerra Mundial, cuando el Tercer Reich se derrumbó, los jerarcas, colaboradores y allegados al régimen nazi huyeron de la justicia europea refugiándose en diversos países, entre ellos, los del continente americano con el beneplácito de sus respectivos gobiernos y el apoyo incondicional de Estados Unidos. Se dice que era una persona muy pacífica y no tenía enemigos, así que optó por quedarse en Alemania un tiempo trabajando en asignaciones menores a su status, hasta que emigró con su familia. Primeramente a Chile, en el austral archipiélago de Juan Fernández, “fascinante paraíso perdido”, donde realizó el documental Robinson (1950), antes que otros proyectos.
Después de un largo viaje, Ertl se establece en 1951 en Chiquitania, a 100 kilómetros de la ciudad de Santa Cruz. Hasta ahí llegó para instalarse en las prósperas y vírgenes tierras cual conquistador del siglo XV, entre la espesa e intrincada vegetación brasileño-boliviana. Una propiedad de 3.000 hectáreas donde construiría con sus propias manos y materia autóctona lo que fue su hogar hasta sus últimos días; “La Dolorida”.
El vagabundo de la montaña, como era conocido por los exploradores y científicos, deambulaba con su pasado a cuestas, por la inmensa naturaleza con la visión ávida de desentrañar y capturar con su lente todo lo percibido de su entorno mágico en Bolivia al tiempo que comenzaba una nueva vida acompañado de su esposa y sus hijas. La mayor se llamaba Mónica, tenía 15 años cuando dio lugar el exilio y, aquí empieza su historia…
Mónica había vivido su niñez en medio de la efervescencia del nazismo de Alemania y cuando emigraron a Bolivia aprendió el arte de su padre lo que le valió para trabajar después con el documentalista boliviano Jorge Ruiz. Hans realizó en Bolivia varios filmes (Paitití y Hito Hito) y trasmitió a Mónica la pasión por la fotografía. Por cierto, fácilmente podemos reclamarla como mujer pionera de las realizadoras de documentales en la historia del séptimo arte.
Mónica se crió en un círculo tan cerrado como racista, en el que brillaban tanto su padre como otro siniestro personaje al que ella se acostumbró a llamar con cariño “El tío Klaus”. Un empresario germano (seudónimo de Klaus Barbie (1913-1991) y ex jefe de la Gestapo en Lyon, Francia) mejor conocido como el “Carnicero de Lyon”.
Klaus Barbie, cambiaría su apellido por “Altmann” antes de involucrarse con la familia Ertl. En el estrecho círculo de personalidades en La Paz, donde este hombre ganó suficiente confianza de tal forma que, el propio padre de Mónica, fue quien lo introdujo, incluso, le consiguió su primer empleo en Bolivia como ciudadano Judío Alemán, de quien se dice asesoro dictaduras sudamericanas.
La célebre protagonista de esta historia, se casó con otro alemán en La Paz y vivió en las minas de cobre en el norte de Chile pero, luego de diez años, su matrimonio fracasó y ella se convirtió en una política activa que apoyó causas nobles. Entre otras cosas ayudó a fundar un hogar para huérfanos en La Paz, ahora convertido en hospital.
Vivió en un mundo extremo rodeada de viejos lobos torturadores nazis. Cualquier indicio perturbador no le resultaba extraño. Sin embargo, la muerte del guerrillero argentino Ernesto Che Guevara en la selva boliviana (octubre de 1967) había significado para ella el empujón final para sus ideales. Mónica –según su hermana Beatriz-–, “adoraba al “Che” como si fuera un Dios”.
A raíz de esto, la relación padre e hija fue difícil por la combinación: ese fanatismo adherido a un espíritu subversivo; quizá factores detonantes que generaron una postura combativa, idealista, perseverante. Su padre fue el más sorprendido y, muy a su pesar, la echó de la granja. Quizás ese desafío produjo en él cierta metamorfosis ideológica en los años 60, hasta convertirse en colaborador y defensor indirecto de los izquierdistas en Sudamérica.
Mónica fue su hija favorita, mi padre era muy frío hacia nosotros y ella parecía ser a la única que amaba. Mi padre nació como resultado de una violación, mi abuela nunca le mostró afecto y eso lo marcó para siempre. El único afecto que mostró fue para Monika”, dijo Beatriz en una entrevista para la BBC News.
A finales de los sesenta, todo cambió con la muerte del Che Guevara, rompió con sus raíces y dio un drástico giro para entrar de lleno a la milicia empuñando el brazo con la Guerrilla de Ñancahuazú, tal como lo hiciera en vida su héroe por la desigualdad social.
Mónica dejó de ser aquella chica apasionada por la lente para convertirse en “Imilla la revolucionaria” refugiada en un campamento de las colinas Bolivianas. A medida que fueron desapareciendo de la faz de la tierra la mayor parte de sus integrantes, su dolor se trasformó en fuerza para reclamar justicia convirtiéndose en una clave operativa para el ELN.
Durante los cuatro años que permaneció recluida en el campamento escribió a su padre, solamente una vez por año, para decir textualmente; no se preocupen por mi… estoy bien. Lamentablemente, nunca más la volvió a ver; ni viva, ni muerta.
Así fue como en año 1971 cruza el Atlántico y vuelve a su natal Alemania, y en Hamburgo ejecuta personalmente al cónsul boliviano, el coronel Roberto Quintanilla Pereira, responsable directo del ultraje final a Guevara:la amputación de sus manos, luego de su fusilamiento en La Higuera. Con esa profanación firmó su sentencia de muerte y, desde entonces, la fiel “Imilla” se propuso una misión de alto riesgo: juró que vengaría al Che Guevara.
Después de cumplir su objetivo comenzaría una cacería que atravesó países y mares y que solo encontró su fin cuando Mónica cayó muerta en el año de 1973, en una emboscada que según algunas fuentes fidedignas le tendió su traicionero “tío” Klaus Barbie.
Después de su muerte, Hans Erlt siguió viviendo y filmando documentales en Bolivia, donde murió a la edad de 92 años (año 2000) en su granja ahora convertida en museo gracias a la ayuda de algunas instituciones de España y Bolivia. Allí permanece enterrado, acompañado de su vieja chaqueta de militar alemán, su fiel compañera de los últimos años. Su sepulcro permanece entre dos pinos y tierra de su natal Bavaria. El mismo se encargo de prepararlo y su hija Heidi de hacer sus deseos realidad. Hans había expresado en una entrevista concedida a la agencia Reuters:
No quiero regresar a mi país. Quiero, incluso muerto, quedar en esta mi tierra.
En un cementerio de La Paz, se dice que descansan “simbólicamente” los restos de Mónica Ertl. En realidad nunca le fueron entregados a su padre. Sus reclamos fueron ignorados por las autoridades a partir del hecho. Estos permanecen en algún sitio desconocido del país boliviano. Yacen en una fosa común, sin una cruz, sin un nombre, sin una Bendicion de su padre.
Así fue la vida de esta mujer que en un período, al decir de la derecha fascista de aquellos años, campeaba en “el comunismo” y por ende “el terrorismo” en Europa. Para unos su nombre quedo grabado en los jardines de la memoria como guerrillera, asesina o quizá terrorista, para otros como una mujer valiente que cumplió con una misión.
En mi opinión, es el costado femenino de una revolución que luchó por las utopías de su época, y que a la luz de nuestros ojos nos obliga a reflexionar, una vez más sobre esta frase: “Jamás subestime el valor de una mujer”.
En la misma semana en que dos individuos mataron a 13 personas en la redacción de la revista francesa Charlie Hebdo e inmediatamente todos “fueron Charlie”, en el noreste de Nigeria unos dos mil perdían la vida y nadie fue nadie.
Cuando de muerte se trata siempre parecen especialmente vulgares los números porque una sola muerte es toda la muerte y, hasta matemáticamente hablando, hay comparaciones que no se sostienen. El dolor de una sola pérdida es el de todas las pérdidas. A una madre la muerte del hijo solo, tiene el mismo “tamaño” que la muerte del hijo junto a otros diez, o doce, o quince mil. Es ridícula la discusión del número de muertos de una comunidad social o religiosa para que pueda tipificarse el crimen como genocidio. Es ridícula la discusión de cuántos millones de judíos, exactamente, exterminó el III Reich… como si los márgenes que hacen los dígitos rebajaran grados de horror a la barbarie.
Pero siguiendo el orden de un mundo de valores contables que obedecen a extrañas instrumentaciones, a la racionalidad caprichosa de equivalencias y comparaciones arbitrarias, los hechos recientes solo proponen la “lógica” de que un francés equivale a un centenar de africanos, a algunas decenas cuando menos… quizás equivalencia parecida con los centroamericanos o algunos árabes.Y lo mismo un alemán o un español.
Es lo que sugiere la resonancia mediática del caso Charlie Hebdo y la catástrofe de Germanwings por un lado, y por otro, la que (no) “gozan” crímenes multitudinarios –no poco cotidianos– en rincones “menos centrales” del planeta. Es demasiado desproporcionada la reacción, cuando se supone que la que opera en los ojos de los testigos internacionales es una misma sensibilidad.
Nada nuevo bajo el sol. Una tendencia ya vieja que no deja de manifestarse: ladesaparición de más de 200 niñas nigerianas, la masacre de la universidad de Kenya, las guerras todas en Oriente Medio.
Este viernes El País, el mismo diario que hiciera notar hace unos meses que todos sabíamos quién es Teresa Romero –y sabíamos, por demás, quién era su perro– pero no podríamos nombrar ni uno solo entre los miles de muertos por Ébola en África, echa mano de un par de argumentos académicos para explicar el fenómeno:
La información se guía por redes de poder. Proximidad y vías de comunicación con el hecho determinan el eco de la noticia. Por eso 150 muertos en Kenia movilizan menos que 13 en París.
Toda la información es local y si nos hacemos eco de noticias internacionales es por la proximidad y la vinculación que tenemos con esos países, además de por la calidad de la información que podamos obtener.
Son comentarios del periodista Miguel Ángel Barestier, uno publicado en su cuenta en Twitter, y otro retomado de enero a propósito del desbalance descomunal entre la cobertura a Charlie Hebdo y la ofensiva de Boko Haram.
La piedra angular de esta teoría es la “jerarquía de la muerte”, terminología de los medios anglosajones para designar los diferentes niveles de interés periodístico ante unas víctimas y ante otras. “En esta jerarquía influyen varios factores, que podemos dividir en dos grupos: la proximidad y la calidad de la información:
1. La proximidad. Nos interesa más lo que ocurre en nuestro país y en países cercanos, además de si hay alguna víctima local.
2. La calidad de la información. Son muchos los medios que cuentan con corresponsales o enviados especiales en países europeos y americanos, incluidas las agencias, mientras que se cuentan con menos medios y recursos en países como Kenia, Nigeria o Siria, que a menudo son más peligrosos.
Revisemos un par de matices, también por separado:
Proximidad: Es cierto que la muerte de un primo toca más a alguien que la de un desconocido. Pero en modo alguno eso significa que no importen lo mismo. Justo porque importa tanto el nosotros, se respeta el ellos, porque se le atribuye también un nosotros. El respeto al dolor ajeno y su reconocimiento pasan por el testimonio, por la propia vivencia del dolor. Por otra parte, cuestiono posiciones internacionales, muy globales por cierto cuando de economía de mercado y avanzadas militares se trata. ¿Por qué no puede operar igual en términos de valor noticia, de interés humano?
Calidad de la información: Sí hay menos corresponsables en estos países porque “importan” menos. Pero los guardianes internacionales de la libertad y la democracia nunca han dejado de enviar, bajo argumento de peligrosidad, bombas y soldados a estos “oscuros” rincones. ¿Por qué sí los desplazan al centro de atención cuando son objeto de interés? ¿Por qué nos familiarizan entonces con sus nombres, sus geografías, su historia o lo que hacen de ella?
Hablan, además, de la percepción de una crisis constante, que no merece ya atención, que “no es novedad”, gente convertida en sangre anónima desechable, sombras que viven, a veces, en los noticieros, hologramas en una pantalla, condenados, sin nombre ni historia. Sin relato.
Dice Owen Jones en The Guardian, citado por El País: nos olvidamos de las guerras complejas en países sin peso estratégico. Entonces sí. Hay, expresamente, una balanza cuyo fiel son los intereses. ¿Veremos a los líderes mundiales reunidos en Kenia como en París? No. Cinismo, racionalidad esquizofrénica global contemporánea.
Hace poco más de 24 horas una iniciativa, con la etiqueta #147notjustanumber (147 no es solo un número) intenta poner nombres, fotografías, historias de vida a lo que hasta ahora no ha sido más que una cifra, en el ánimo de hacer honor a la verdad de que detrás del número hay individuos con una vida, personas.
Hebe de Bonafini, líder de las Madres de la Plaza de Mayo, dice en un discurso: “El otro soy yo”. Verse en el otro, sí. Pero en todos los otros, no solamente en algunos.
Nos robaron la mirada
Ricardo Ramírez Arriola
Con el silencio nos redescubrimos cómplices de un secular discurso de exclusión. Hay muertos que no existen… Por un instante, en hacedores y reproductores de verdades, de todos los colores, se redibuja el profundo andamiaje discriminatorio, clasista, racista, sexista del que estamos hechos; donde el silencio por supuesto que es discurso, es indiferencia, es complicidad, es acuerdo tácito, es beneplácito. Un discurso donde algunos existen menos que otros, unos valen menos que otros o son menos necesarios o simplemente no existen. Un discurso donde no son lo mismo las muertes africanas que las muertes europeas, no son lo mismo las muertes “desarrolladas” que las muertes “en vía de desarrollo”; un discurso que nos explica por qué tampoco son lo mismo las muertes mestizas que las muertes indígenas, las muertes hombres que las muertes mujeres, las muertes heterosexuales que las muertes homosexuales, las muertes con o sin discapacidad; un discurso que nos convence por qué existen muertes que nos deben doler a todos, nos lanzan a la calle y nos conmueven hasta las lágrimas y por qué hay muertes que no nos deben distraer de nuestro vacacionar.
Quizá, intentando recuperar la capacidad de sentir e indignarnos que nos es inherente desde nuestros más lejanos ancestros primigenios, africanos por cierto, podamos legar un discurso menos hipócrita, un discurso diferente.