Del fondo oscuro donde el alma se humilla,
se levantó con fuerza que no conocía,
lo que fue una herida se volvió semilla,
y desde la desolación floreció un nuevo día.
Enclavado el dolor, lo soportó y lo fundió,
construyó con sus restos su propio peldaño,
y aunque el ayer le marcó mucho daño,
hoy emergiendo tras la luna, renació.
Cuando el dolor se introdujo y le desgarró el alma,
no sucumbió, buscó la calma,
pues toda herida, por profunda que sea,
guarda lecciones que el tiempo no borra, ni uno desea.
Analizó su pesar, con ternura y sin temor,
comprendió el mensaje, y su silencioso desamor;
construyó con su musa y con cada lágrima un cimiento,
haciendo de cada caída un mejor momento.
Porque no hay noche que no encuentre su aurora,
ni invierno eterno que no espere la primavera;
quien se atreve a mirar su dolor de frente,
renacerá más fuerte, más sabio y eficiente.
Así, del amor abrumador se levantó,
y, a la parca con el ejemplo le demostró
que el dolor no es final, sino comienzo,
y quien lo sobrelleve, sobresaldrá pintando su lienzo.
Gorki Aguirre.